IN MEMORIAN DE PEDRO LUIS VALENCIA GIRALDO. HASTA SIEMPRE COMPAÑERO

Como un sentido homenaje a Héctor Abad Gómez, Leonardo Betancur Taborda, Pedro Luis Valencia Giraldo y Luis Fernando Vélez Vélez, reconocidos Defensores de los Derechos Humanos asesinados en Medellín en 1987, la Universidad de Antioquia realizará el evento “Y La Muerte No Tendrá Señorío”, que se llevará a cabo en el campus universitario del 17 al 24 de agosto.

REINICIAR
Medellín, Agosto 14 de 2007
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En la antesala del evento, la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia quiso rendirle homenaje a uno de sus más queridos egresados, Pedro Luis Valencia Giraldo, Médico Salubrista, militante del Partido Comunista y Senador de la República por el Movimiento Unión Patriótica, inaugurando con su nombre un Salón de Conferencias en las instalaciones de dicha Facultad.

A esta inauguración asistieron su esposa Beatriz Helena, sus hijos Natalia y Mauricio, amigos del alma, funcionarios de la Universidad de Antioquia, médicos de la Facultad, estudiantes y organizaciones defensoras de Derechos Humanos. La doctora Jahel Quiroga Carrillo, Directora de la Corporación REINICIAR, fue invitada especia y panelista del evento.

A este hombre, que llevó consigo el emblema de la rebeldía en su humanidad, hoy y siempre lo recordaremos por su lucha incansable en defensa de los Derechos Humanos y por un país en igualdad de condiciones para todos y todas.

La Corporación Reiniciar, le rinde homenaje al Upecista defensor de derechos humanos:

PEDRO LUIS VALENCIA

Señores y Señoras directivos de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, querida Beatriz Helena, Natalia y Mauricio, familiares y amigos de Pedro Luis Valencia Giraldo, compañeros del Partido Comunista Colombiano, compañeros de la Unión Patriótica, familiares de víctimas del genocidio contra la Unión Patriótica.

En este día tan especial en que se inaugura esta sala de conferencias en homenaje a Pedro Luis Valencia, y en el marco del evento “Y la Muerte No Tendrá Señorío” quiero agradecer de manera especial a las directivas de la Universidad de Antioquia por contribuir con este evento a dignificar la memoria de las víctimas de la violencia política, en un país en donde hasta la memoria se pretende matar, y cuando el Estado recuerda entonces calumnia, estigmatiza, y justifica las muertes. Por eso hoy, en este espacio libre, donde nos damos el permiso para expresar nuestros afectos decimos, recordando a los mártires y a los silenciados, ¡Gloria siempre! a la memoria de Héctor Abad Gómez, de Leonardo Betancourt, de Luis Fernando Vélez y Pedro Luis Valencia.

Me permito en este acto recordar al compañero Pedro Luis Valencia, Médico de profesión, reconocido Defensor de los Derechos Humanos, militante del Partido Comunista y Senador de la República por el movimiento Unión Patriótica. Lo recuerdo como una persona que quería construir un mejor país para todos, con justicia social, una patria donde cupiéramos todos, donde pudiéramos expresar nuestras ideas libremente sin el temor a ser reprimidos por el Estado o exterminados por sus fuerzas militares-paramilitares.

Ese era Pedro Luis Valencia, un hombre que junto a miles de demócratas de éste país, le apostó a la paz, a la consolidación del proceso de paz, a la apertura democrática y al diálogo nacional. Un hombre que luchó para que se entendiera, en ese tiempo, la necesidad de que una ancha franja de la opinión pública que no se sentía representada en los partidos tradicionales, pudiera expresarse en la vida política, en la vida cívica y en la vida social de Colombia a través de la Unión Patriótica.

Pedro Luis consideraba que el significado de la Paz era darle posibilidades a que el país realizara una serie de reformas democráticas que la nueva realidad nacional exigía. “Sin paz no hay reformas políticas, y sin reformas políticas no hay reformas económico-sociales”, decía. Y que para alcanzarlas, agregaba, hay que “meterle pueblo” a las decisiones políticas para que haya posibilidades de canalizar los intereses de las mayorías.

Esas eran sus propuestas, ese fue su pecado, ese fue el delito que cometió, por ese discurso se le acusaba y se le condenó a muerte.

Porque pensaba así para su pueblo, fue considerado un hombre peligroso para la “seguridad democrática”, como hoy, entonces siempre estuvo en la mira de los organismos de inteligencia, de los militares y paramilitares. Dos años antes del fatídico 14 de agosto de 1987, las amenazas y persecuciones se intensificaron. Empezaron a llegar a su casa sufragios lamentando la muerte de su esposa o la de él. Por aquel entonces, vivían cerca de las instalaciones de la Cuarta Brigada del Ejército. Las llamadas telefónicas tampoco se hicieron esperar. A altas horas de la noche, o en la madrugada, recibían llamadas amenazantes o simplemente colgaban para generar inestabilidad emocional.

Son demasiados los recuerdos de las agresiones contra el y su familia…Una mañana, de tantas tenebrosas, alguien pasó en un carro disparando a la puerta principal de su casa aumentando así la zozobra y el pánico.

Los asesinos que lo buscaban por todos lados se equivocaron ese día de carro y dinamitaron otro, del mismo modelo y color al de Pedro Luis, el cual lo estacionaba en el Departamento de Música de la Universidad de Antioquia, donde estudiaba su hija. Se supo de la equivocación porque los terroristas llamaron al dueño del carro dinamitado a disculparse.

El día anterior a su asesinato, Pedro Luis había participado en una multitudinaria marcha por la paz, la vida y la defensa de los Derechos Humanos, que recorrió las principales calles de Medellín. Ya en la noche, y presintiendo su muerte, se despidió de su amada Beatriz Elena, recordándole lo mucho que la amaba, y también le dijo que antes él sentía mucho miedo por que lo mataran, pero ahora, ese miedo había desaparecido.

La mañana del 14 de agosto de 1987, y ante las constantes evasivas que Pedro Luis le había hecho a la muerte, hombres fuertemente armados chocan un Jeep contra la puerta del garaje de su casa, entran y le descargan toda la furia de su cobardía, descargaron todo el miedo que sentían al estar frente a un hombre convencido de su lucha, incorruptible, por eso le dispararon 42 proyectiles de bala, queriendo matarlo porque sabían que era invencible.

Pedro Luis había sido asesinado a pocas cuadras de la IV Brigada del ejército, talvez por ellos mismos, talvez con su complicidad, con su aquiescencia. La gente que vio el operativo dice que los asesinos iban vestidos con prendas militares y que los dirigía un hombre vestido de civil, que más tarde se vino a saber, por él mismo, que era Carlos Castaño Gil, un criminal de lesa humanidad, un confeso genocida al servicio de una política de Estado contra la oposición política.

La muerte de Pedro Luis había sido anunciada. Todo estaba planeado, “había que matar a todos los que habían salido elegidos en las elecciones de 1986,” asi lo decía el macabro “Plan Baile Rojo”, bautizado de esta forma por sus perpetradores. Había que impedir el posicionamiento de la Unión Patriótica a sangre y fuego. Ya habían asesinado al Representante a la Cámara Leonardo Posada el 30 de agosto de 1986 en Barrancabermeja, y al Senador Pedro Nel Jiménez, dos días después, en Villavicencio, Meta.

Pedro Luis no fue el último en la lista. En adelante, el Estado y las fuerzas militares, paramilitares, policiales y demás, emprenderían la cacería más grande y sangrienta cometida contra un movimiento político de oposición en el país y en el mundo. El exterminio se propago por todos los rincones de Colombia. Desde el más humilde de los campesinos, hasta el más reconocido de los políticos militantes en la Unión Patriótica fueron perseguidos inmisericordemente hasta acabarlos físicamente y diluir su fuerza política. Muy pocos lograron salvar su vida en el exilio.

Ha sido muy doloroso para nosotros y para los familiares de las víctimas, documentar para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, organismo ante el cual fue demandado el Estado colombiano por el genocidio contra la Unión Patriótica, los miles de casos de personas asesinadas, desparecidas, torturadas, encarceladas por montajes judiciales, desplazadas, en fin, más de 5.500 víctimas hasta ahora identificadas, esperan que la Comisión y la Corte Interamericana impartan la justicia que en nuestro país se les negó. Ha sido una tragedia muy grande, pues sólo en la región de Urabá se documentaron 1346 homicidios, ocurridos en su mayoría, cuando era gobernador de Antioquia el actual presidente de la República, doctor Álvaro Uribe Vélez.

El que fue testigo aquí en Medellín del exterminio de la Unión Patriótica, le ha faltado grandeza para promover la justicia y reparar a las víctimas y a sus familiares, muy por el contrario, en su gobierno se ha reanudado la persecución contra los sobrevivientes de la Unión Patriótica y del Partido Comunista Colombiano, a tal punto que en su primer periodo de gobierno fueron asesinados 140 personas, 38 fueron desaparecidos y 25 sobrevivieron a atentados personales.

Sin embargo, en medio de la desesperanza hemos avanzado, hemos creado la Coordinación de Víctimas y Familiares del genocidio contra la Unión Patriótica, integrada por más de mil familias de 15 regiones del país, con la cual seguiremos persistiendo en la búsqueda de justicia y con quienes venimos construyendo la memoria histórica del genocidio, recuperando el rostro humano de las victimas, reencontrándonos y así juntando nuestras tragedias, juntando nuestros afectos hemos reconstruido la esperanza y de ahí no nos bajaremos.

Por eso hoy, aquí, le decimos a Pedro Luis que hemos seguido su ejemplo, no hemos desmayado en las tareas que tú tenías planeadas. Hoy seguimos recordándote como el ser humano alegre, gracioso y sencillo. Un militante apasionado, absolutamente convencido, dispuesto a dar su vida por la justicia social. Un Padre y Esposo ejemplar.

A Pedro Luis, le queremos recordar que no hemos dejado morir su causa y la de miles de militantes de la Unión Patriótica que han ofrendado sus vidas por un mejor país. Nuestro trabajo y esfuerzo les contarán algún día a sus hijos y al país que ustedes, los Sacrificados, los Sin Justicia, no son cifras estadísticas, son rostros humanos, son memoria viva.

Compañero Pedro Luis Valencia, estamos cumpliendo con tus ideales.